En este periodo se vivirán experiencias que marcarán el resto de la vida de los niños, ya que la primera infancia es un periodo sensible donde hay un enorme nacimiento de neuronas, lo que permite una gran permeabilidad de los estímulos del ambiente, donde situaciones como la estimulación temprana, afecto y regulación emocional pueden determinar un camino hacia la salud mental adulta a diferencia de la exposición a situaciones adversas como el abandono, maltrato físico o separaciones tempranas prolongadas que van mermando las potencialidades en el desarrollo cerebral y emocional.
Es por esta razón que es importante consultar con un profesional cuando un bebé ha sido expuesto a situaciones difíciles que pudieron generar altos montos de estrés, como por ejemplo la depresión perinatal (preparto y postparto), donde por medio de la terapia centrada en el vínculo se puede mejorar la comunicación entre madre e hijo para así potenciar lo que se denomina apego seguro, que es lo que se constituirá en los cimientos de la vida adulta de aquel niño, permitiéndole regular de mejor manera sus emociones, establecer relaciones afectivas más estables y potenciar su autoestima.

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